11/09/01: Cuando los beatos matan

Santo Tomás de Aquino es Doctor Angélico y Seráfico de la Iglesia Católica Apostólica Romana, venerado como tal desde el 11 de abril de 1567 por decisión de Su Santidad el papa Pío V. La Iglesia reconoce a algunos pocos santos la categoría de doctores para evocar “su erudición como eminentes maestros de la fe para los fieles de todos los tiempos” (http://ec.aciprensa.com/d/doctoresiglesia.htm).

Sostiene Santo Tomás en el Artículo 8 de la Cuestión 10 de la Parte Segunda de su “Suma Teológica” que “Entre los infieles hay quienes nunca aceptaron la fe, como son los gentiles y los judíos. Estos, ciertamente, de ninguna manera deben ser forzados a creer, ya que creer es acto de la voluntad. No obstante, si se cuenta con medios para ello, deben ser forzados por los fieles a no poner obstáculos a la fe, sea con blasfemias, sea por incitaciones torcidas, sea incluso con persecución manifiesta. Este es el motivo por el que los cristianos promueven con frecuencia la guerra contra el infiel. No pretenden, en realidad, forzarles a creer (ya que, si les vencen y les hacen prisioneros, deben dejarles en libertad de creer o no creer), sino forzarles a no poner obstáculos a la fe de Cristo”.

“Hay, en cambio, infieles que en algún tiempo recibieron la fe y conservan aún cierta profesión de la misma, como los herejes o cualquier otro tipo de apóstata. Este tipo de infieles deben ser forzados, incluso físicamente, a cumplir lo que prometieron y a mantener lo que una vez aceptaron”
(http://hjg.com.ar/sumat/c/c10.html#a8).

Y, para estos últimos, en el Artículo 3 de la Cuestión 11 de la Parte Segunda de su “Suma Teológica”, Santo Tomás sostiene que “En los herejes hay que considerar dos aspectos: uno, por parte de ellos; otro, por parte de la Iglesia. Por parte de ellos hay en realidad pecado por el que merecieron no solamente la separación de la Iglesia por la excomunión, sino también la exclusión del mundo con la muerte. En realidad, es mucho más grave corromper la fe, vida del alma, que falsificar moneda con que se sustenta la vida temporal. Por eso, si quienes falsifican moneda, u otro tipo de malhechores, justamente son entregados, sin más, a la muerte por los príncipes seculares, con mayor razón los herejes convictos de herejía podrían no solamente ser excomulgados, sino también entregados con toda justicia a la pena de muerte”.

“Mas por parte de la Iglesia está la misericordia en favor de la conversión de los que yerran, y por eso no se les condena, sin más, sino después de una primera y segunda amonestación (Tit 3,10), como enseña el Apóstol. Pero después de esto, si sigue todavía pertinaz, la Iglesia, sin esperanza ya de su conversión, mira por la salvación de los demás, y los separa de sí por sentencia de excomunión. Y aún va más allá relajándolos al juicio secular para su exterminio del mundo con la muerte. A este propósito afirma San Jerónimo y se lee en el Decreto: Hay que remondar las carnes podridas, y a la oveja sarnosa hay que separarla del aprisco, no sea que toda la casa arda, la masa se corrompa, la carne se pudra y el ganado se pierda” (http://hjg.com.ar/sumat/c/c11.html).

Hace diez años, un día como hoy, el 11 de setiembre de 2001, Osama bin Laden logró asesinar a más de tres mil personas en Estados Unidos estrellando tres aviones de pasajeros contra las Torres Gemelas del Centro Mundial de Comercio de Nueva York y el Pentágono (ministerio de Defensa de EEUU). Un cuarto avión se estrelló antes de llegar al objetivo debido al heroísmo de sus pasajeros, que prefirieron luchar antes que esperar pasivamente a que los enviados de Bin Laden lograran su objetivo.

Según Lawrence Wright, quien hizo uno de los estudios detallados sobre la vida de Bin Laden, Osama bin Mohamed bin Awad bin Laden fue educado por píos wahabitas (el wahabismo es un movimiento inspirado por Mohamed ibn Abd al Wahab, quien proponía mantener la pureza del Islám) y aunque estudió administración de empresas en la Universidad Rey Abdulaziz, su principal interés en sus años de estudio era la religión, la caridad y el estudio del Corán (http://en.wikipedia.org/wiki/Osama_bin_Laden).

El 2 de agosto de 1990, el entonces dictador de Irak, Saddam Hussein, invadió Kuwait. Este acto fue visto por la familia Al Saud, reinante en Arabia Saudita, como una amenaza directa, que requería una respuesta.

Una de esas respuestas fue ofrecida por Bin Laden: Movilizar a sus bien entrenados guerrilleros, curtidos en la (Primera) Guerra de Afganistán contra los comunistas, para defender la Tierra Santa, el País de las Dos Mezquitas, Arabia Saudita.

La realeza saudita, sin embargo, optó por la seguridad de una coalición encabezada por Estados Unidos que estacionó tropas en territorio saudita.

En una extensa carta dirigida a Fahd, rey saudita, publicada en 1995, Bin Laden explicó claramente lo que la presencia de esas tropas no musulmanas implicaba en términos de fe: “No existe duda ni controversia alguna entre los doctores sobre que tener a infieles como aliados y darles soporte contra los musulmanes es definitivamente contrario a las enseñanzas del Islam…Dios Todopoderoso dice ‘Oh aquellos que creen! No tomen a los judíos o a los cristianos como aliados o protectores; ellos no son sino aliados y protectores entre ellos. Y aquel de entre ustedes que se torna a ellos por protección, es uno de ellos’. Sura 5:51” (http://www.answers.com/topic/open-letter-to-king-fahd-from-bin-laden).

Por esas razones, idénticas en todo a las planteadas por Santo Tomás, Osama bin Laden empezó a matar a cristianos al menos desde el primer atentado contra las Torres Gemelas, en 1993: “…si se cuenta con medios para ello”, (los infieles) “deben ser forzados por los fieles a no poner obstáculos a la fe…Este es el motivo por el…promueven con frecuencia la guerra contra el infiel”.

De modo que en agosto de 1996, Bin Laden publicó en “Al Quds Al Arabi” su “Declaración de Guerra contra los americanos ocupantes de la Tierra de los Dos Lugares Sagrados”.

En los años transcurridos desde el infausto 11 de setiembre de 2001 no ha habido tregua ni paz. Religiosos del estilo de Santo Tomás y de Bin Laden han convertido a nuestro planeta en un lugar inseguro, matando y muriendo (autocalificándose de mártires) en su perpetua lucha contra la libertad.

A cada medida que se toma para prevenir nuevas masacres, estos beatos responden con nuevas e imaginativas formas de matar. Anders Behring Breivik, un cristiano noruego digno del Doctor Angélico, mató a 92 de sus compatriotas a los que consideraba cómplices de la islamización de Europa.

Hace diez años, yendo a cubrir los preparativos para la (Segunda) Guerra de Afganistán, escribí una crítica al libro “Choque de Civilizaciones” (1996) de Samuel Huntington (1927-2008) que se publicó en este mismo diario.

Hoy creo que Huntington tenía razón y que las culturas formadas por religiones militantes y proselitistas son la principal amenaza para la paz y la libertad del mundo y que mientras los que creemos en la libertad actuemos como si los criaderos de estos beatos religiosos no existiesen, indiferentes ante su crecimiento y consolidación, estos criaderos seguirán produciendo asesinos, asesinatos, guerras y tiranía, como lo han hecho desde siempre.
Publicado por Enrique Vargas Peña en 16:17

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