La “City” de Londres, aunque es el barrio de la capital inglesa donde tienen sede unas quinientas instituciones financieras, es la denominación que recibe el sector financiero británico que, según los datos que se están publicando en estos días en medios europeos, genera hasta el nueve por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) del Reino Unido y es la principal plaza financiera del mundo, administrando alrededor de treinta y cuatro por ciento de todas las transacciones financieras anuales del planeta.
El jueves, mientras miles de paraguayos peregrinaban hacia Caacupé, en Bruselas, capital de Bélgica y de la Unión Europea (UE), tenía lugar una dramática reunión de los jefes de gobierno de sus países miembros, dramática porque el primer ministro del Reino Unido, David Cameron, vetó, y por tanto impidió, la modificación del Tratado de Lisboa, que funciona como Ley Fundamental de la UE.
Alemania y Francia proponían modificar el Tratado para permitir un control centralizado de la política fiscal y financiera de los países miembros de la Unión con el fin de intentar salvar al euro, la moneda común europea. Cameron no aceptó la modificación porque no contemplaba salvaguardias para impedir el establecimiento de impuestos europeos a las transacciones de la City de Londres.
Por supuesto, está abierto hoy en el Reino Unido un durísimo debate sobre si el veto de Cameron era la medida más adecuada para preservar el poder financiero británico y muchos políticos ingleses creen que no. Pero nadie en el Reino Unido, nadie, discute que el interés nacional británico era y es hacer lo necesario para mantener en Inglaterra ese poder financiero.
En nuestro país no tenemos, lastimosamente, el mismo nivel de consenso acerca de cuál es nuestro interés nacional.
Estamos, por un lado, los que creemos que el interés nacional paraguayo está en fomentar una poderosa industria exportadora de valor agregado de nuestros productos primarios que se sume a una poderosa industria exportadora de productos primarios; y están, por otro lado, los que creen que deben servir a Brasil.
Para evitar desvíos en la discusión, me adelanto en dejar perfectamente aclarado y formalmente asentado que creo que nosotros debemos trabajar por una relación armónica con Brasil, siendo el gigante del Este no solamente nuestro obligado vecino sino principalmente una de las cinco mayores potencias económicas del mundo.
Dicho eso, señalo entre los que creen que deben servir a Brasil al gobernador de Amambay, Bartolomé “Ancho” Ramírez, quien al salir de una reunión con el presidente Lugo, el viernes 9, declaró que “el mayor volumen de cigarrillos que ingresa en forma ilegal a Brasil se produce en la empresa del aspirante presidencial colorado Horacio Cartes”.
Se quejó de que “el producto más apetecible para el Brasil es el que genera la empresa de…Cartes. Es el producto que más ingresa de contrabando. Puede ser legal en Paraguay, pero es ilegal al ingresar al Brasil”.
Y además de que “el fuerte control fronterizo con militares brasileños es una reacción a causa de aquel delito” (http://bit.ly/so3gdK) (http://bit.ly/ucsb5J).
Creo que es pertinente y razonable para nuestros políticos estudiar nuestras relaciones con Brasil, pienso que es su obligación; y analizar los diversos caminos que se pueden recorrer para asegurar nuestro interés nacional, el interés nacional paraguayo, ante tan poderoso vecino.
Pero entre estudiar nuestras relaciones con Brasil y erigirse en agente aduanero brasileño hay una enorme e insalvable distancia. Las declaraciones del gobernador Ramírez no son las de un político promoviendo el interés nacional paraguayo, sino las de un agente aduanero brasileño: El está disgustado porque un producto industrial paraguayo entra de contrabando a Brasil e insinúa, para que Brasil no se enoje, que hay que sacrificar al industrial paraguayo.
El pueblo paraguayo no le paga a Ancho Ramírez el salario de gobernador de Amambay para ser agente aduanero brasileño. Hasta donde yo sé, el Artículo 163 de nuestra Constitución no establece, entre las funciones de los gobernadores, la de agente aduanero de Brasil contra la industria paraguaya: “Es de competencia del gobierno departamental: 1. coordinar sus actividades con las de las distintas municipalidades del departamento; organizar los servicios departamentales comunes, tales como obras públicas, provisión de energía, de agua potable y los demás que afecten conjuntamente a más de un Municipio, así como promover las asociaciones de cooperación entre ellos; 2. preparar el plan de desarrollo departamental, que deberá coordinarse con el Plan Nacional de Desarrollo, y elaborar la formulación presupuestaria anual, a considerarse en el Presupuesto General de la Nación; 3. coordinar la acción departamental con las actividades del gobierno central, en especial lo relacionado con las oficinas de carácter nacional del departamento, primordialmente en el ámbito de la salud y en el de la educación; 4. disponer la integración de los Consejos de Desarrollo Departamental, y 5. las demás competencias que fijen esta Constitución y la ley.
No sé si entre “las demás competencias que fijen esta Constitución y la ley” se encuentra la de trabajar a favor de la aduana brasileña, y con mucho gusto acepto que me enseñen en qué parte de nuestra Constitución o de nuestras leyes se atribuye a los gobernadores la tarea de ser agentes aduaneros de países vecinos.
Asumo, como costo presupuestado de mi trabajo, que dirán que estoy vendido a Horacio Cartes y les quiero ahorrar saliva: Supongamos que sí, que estoy vendido. La cuestión, sin embargo, seguirá siendo si un gobernador paraguayo debe o no poner trabas a las exportaciones de la industria paraguaya y si debe o no denunciar como “delito” que un producto industrial paraguayo sea preferido en el mercado brasileño.
Estando yo vendido o no, esa es la cuestión y ninguna otra.
Yo no escuché a ningún gobernador argentino, a ningún gobernador brasileño, a ningún gobernador boliviano, denunciar como Ancho Ramírez a la industria de su propio país para favorecer a la aduana del país vecino.
Tal vez sea porque los brasileños, los argentinos, los bolivianos, o los ingleses de David Cameron, tienen claro cuál es el interés nacional de sus países, mientras que los paraguayos como Ancho Ramírez solamente tienen claro que deben destruir todo lo que se oponga al objetivo electoral de sus partidos, aunque deban destruir el interés nacional paraguayo.
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