Cartes, Samaniego y el auto

Decenas de miles de paraguayos están haciendo un gran esfuerzo económico invirtiendo un porcentaje significativo de sus ingresos mensuales en pagar las cuotas que les están permitiendo adquirir un automóvil para moverse con independencia según sus necesidades.

El auto produce, entre otras cosas, un efecto económico y otro efecto social.

En lo económico, el uso del auto racionaliza el transporte, pues cada actor de la vida económica que puede acceder a uno tiene mayores posibilidades de administrar mejor su tiempo y su velocidad de trabajo. El aumento de la eficiencia es el beneficio.

En lo social, el uso del auto genera una independencia personal o familiar que contribuye con la consolidación de la idea de libertad. El pensador francés Emmanuel Todd tiene a este respecto un agudo análisis en un libro que escribió en 1976 prediciendo la implosión de la Unión Soviética (“La Caída Final”).

Ambos efectos son positivos y, en cualquier balance que se realice sobre los problemas que el uso masivo del auto pueda generar (embotellamientos, contaminación), pesan mucho más que lo negativo, sobre todo cuando se piensa que tanto los embotellamientos como la contaminación se deben más a la incapacidad de los organismos de control que a los autos propiamente.

Ahora resulta que, dado que la bonanza económica permite a decenas de miles de paraguayos alcanzar el sueño del auto propio para liberarse del lamentable transporte público, el intendente de Asunción, Arnaldo Samaniego, que pertenece al grupo político de Horacio Cartes, no encuentra mejor idea, para hacer frente a los embotellamientos, que proponer restringir a esos esforzados paraguayos el uso de sus autos.

En los rudimentarios análisis que se realizan en la municipalidad de Asunción, se atribuyen los embotellamientos a la cantidad de automóviles y la primitiva inferencia que realizan es que los embotellamientos se solucionarán reduciendo la cantidad de autos que puede circular cada día copiando, para lograrlo, los sistemas vigentes en Santiago de Chile o en Bogotá, Colombia.

En Wikipedia, existe una nota sobre el tema (http://bit.ly/r04vfd), muy didáctica, de la cual extraigo los siguientes datos.

Sobre Bogotá dice Wikipedia que “En 1998 fue aplicada por primera vez en el país una medida de restricción para el ingreso de automóviles a las vías en la ciudad de Bogotá. Esta medida fue aplicada con el fin de mitigar la congestión en las horas ‘Pico’. La restricción se ejercía con el último número de la ‘Placa’ (matrícula), restringiendo la entrada de 4 dígitos por día, lo que resulta en que cada carro no debe salir en dos días de la semana (…) Desde 2008 el ‘pico y placa’ fue ampliado a 14 horas en el día en Bogotá, de 6:00 am a 8:00 pm, para lo cual se sugirió incluso cambiar su nombre a ‘día y placa’”.

Sobre Santiago, Wikipedia dice “En Santiago de Chile la restricción vehicular comenzó a aplicarse desde mediados de los años 1990 producto de los altos niveles de contaminación atmosférica. El sistema consiste en prohibir el tránsito de los automóviles cuyos últimos números de la placa vehicular terminan en alguno de los dos dígitos fijados como restringidos para cada día hábil. Originalmente, la restricción se aplicaba a la mayoría de los vehículos particulares a excepción de aquellos equipados con convertidor catalítico, con el fin de disminuir el material particulado producido por la combustión (…) A partir de 2008, el número de cifras asignadas a cada día pasó de 2 a 4 para poder compensar la disminución de automóviles no catalíticos. Muchos han criticado la aplicación actual de la restricción debido a que la mayor parte de la contaminación se produce no por combustión, sino principalmente debido al polvo levantado por el paso de vehículos, por lo que no existiría diferencia en el nivel de contaminación producido entre un automóvil dotado de convertidor catalítico y uno tradicional”.

Dos rápidas conclusiones se deducen de los ejemplos citados. La primera es que las medidas de restricción de uso de vehículos no produjeron los alivios esperados en los embotellamientos y por eso los burócratas de ambas ciudades impusieron restricciones aún mayores con el paso del tiempo. La segunda, es que en ninguna de las dos ciudades tienen base científica incontrovertible que justifique la aplicación de la medida.

Al contrario de lo que creen nuestros burócratas municipales, los embotellamientos no se producen principalmente por el aumento del número de vehículos. Se producen por la falta de una adecuada planificación de la infraestructura vial (responsabilidad de la municipalidad) y por la total incompetencia de la Dirección de Tránsito de organizar “ondas verdes” con los cruces semafóricos o pasos coordinados cuando sus agentes se ponen a “dirigir” el tránsito, causando con su torpea manifiesta más embotellamientos que los que se formarían sin ellos.

Para paliar los efectos de su propia incompetencia, el intendente Arnaldo Samaniego, como una mayoría de los políticos que sufrimos, no encuentra mejor remedio que limitar los derechos de los ciudadanos: Porque ellos no saben cómo afrontar el problema, entonces condenan a los ciudadanos que se esfuerzan en tener un auto a usar el sistema de transporte público.

Así son nuestros políticos. Para encubrir la incompetencia de fiscales y jueces restringen nuestros derechos procesales; para encubrir la incompetencia de la municipalidad restringirán nuestro derecho a usar nuestros autos.

Nos quieren obligar a usar, varios días a la semana el transporte público que tampoco pudieron solucionar y pretenden que, además de las cuotas que pagamos por nuestros autos para no poder usarlos, paguemos pasajes en micros chatarra, mugrientos e inseguros, pasajes que de paso servirán para que sus amigos transportistas tengan aún más dinero para contribuir con sus campañas políticas.

Arnaldo Samaniego no anunció este ataque contra los derechos de los ciudadanos en su campaña electoral. Lo ocultó. No se diferencia mucho de Fernando Lugo. Tengo mis dudas acerca de que si hubiera contado que tenía el plan de restringir los derechos de la gente, la gente lo hubiera votado.

Si la filosofía que está detrás de esta idea de Samaniego, restringir derechos ciudadanos para ocultar la incompetencia del funcionariado, es la que tiene el grupo político de Horacio Cartes, la ciudadanía debería estar en alerta y no votar en 2013 por un candidato para el que los esfuerzos y los derechos de los paraguayos pueden ser sacrificados tranquilamente en el altar de la inutilidad de la burocracia.

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