Josh Friedman se sentó entre nosotros como uno más. Simpático, informal, con bastante castellano como para darse a entender sin necesidad de traductores, acaparó la conversación, y la hizo deliciosa, desde el principio hasta el final de nuestra breve visita a la Facultad de Periodismo de la Universidad de Columbia, en Nueva York.
En Columbia, como en las universidades norteamericanas que conozco, el entorno físico es ya un estimulante para el pensamiento y, aunque está en pleno Manhattan, produce esa sensación de comunidad de estudios que caracteriza a las casas de educación terciaria anglosajonas, distante de la de escuela primaria que replican las universidades paraguayas.Estaba previsto que nos recibiera Sree Sreenivasan, Decano de Asuntos Estudiantiles de la mencionada facultad y, en efecto, nos dio la bienvenida en una cálidamente desordenada oficina en la que, minutos después de presentarnos, irrumpió Friedman con su tremendo bigote blanco y su rostro risueño, entre curioso y desenfadado.
Los seis periodistas paraguayos que estuvimos hace tres semanas en Estados Unidos para intercambiar nuestras experiencias con actores de la actividad periodística norteamericana (Marta Escurra –ABC-, Divina Mendoza –Ñandutí-, Romina Cáceres –Ultima Hora-, Carlos Baez –Telefuturo/Monumental-, Carlos Troche –Sistema Nacional de Televisión/Primero de Marzo- y yo) quedamos sorprendidos, pues el señor Sreenivasan simplemente se llamó a un reverencial silencio mientras Friedman preguntaba cosas y reflexionaba sobre nuestras respuestas.
Algunos estudiantes ingresaron también a la oficina hasta hacerla muy pequeña, con ese clima atiborrado de discusión abierta que cabe esperar en toda buena universidad.
Confieso que no supe quien era Josh Friedman hasta después: Director de los premios de periodismo Maria Moors Cabot, de los más prestigiosos que otorga una universidad que entrega, entre otros, los premios Pulitzer, una especie de Nóbel del periodismo.
La conversación giró en torno a la prensa en general y el impacto de las nuevas tecnologías sobre ella.
Friedman se mostró preocupado por la escasa ayuda que los títulos universitarios surgidos de la enseñanza tradicional aportan al ejercicio del periodismo, “cualquiera puede leer y aprender textos”, dijo, “pero no siempre son ellos los que hacen buen periodismo”; y explicó que por eso Columbia está exigiendo práctica a los estudiantes porque los títulos no sirven de mucho si no expresan capacidad práctica.
Las nuevas tecnologías (mensajería, redes sociales, Internet en general), convinimos todos, han transformado definitivamente a los medios de comunicación, de forma que hoy, “los medios escritos tienen básicamente un papel registral y analítico, la primicia les ha sido arrebatada por Internet en general y las redes sociales en particular” precisó Friedman.
Internet ha dado a la noticia (“Del lat. notitĭa. 1. f. Noción, conocimiento. 2. f. Contenido de una comunicación antes desconocida. Dar noticia de un acuerdo. 3. f. Hecho divulgado”) una instantaneidad contra la que las antiguas formas de periodismo no pueden simplemente competir.
Nos confirmaba Luis Botello, en una reunión previa mantenida en Washington, DC, en el International Center for Journalists (Centro Internacional para Periodistas) que el concepto de “hora de cierre” por ejemplo, tan común en nuestros diarios, es cosa del pasado desde que las primicias (“Del lat. primitĭae, -arum, primicias. 1. f. Fruto primero de cualquier cosa…3. f. Noticia, hecho que se da a conocer por primera vez”) son ahora algo continuo en las redes sociales (Twitter, por citar un caso).
Esto, claro está, no modifica los típicos dilemas que tiene cualquier periodista al abordar una información, simplemente exige un procesamiento mucho más rápido del enfoque de la misma, algo de lo cual ya expuse en “Lecciones sobre Capitán Giménez” (http://bit.ly/njgmYk), que escribí a raíz de anteriores discusiones durante esta visita a Estados Unidos.
Una de las explicaciones que se pueden dar al derrumbe de los medios escritos ha sido, justamente, que muchas personas de los medios no han sabido comprender estos cambios ni adaptarse a ellos.
Los medios y los periodistas han perdido, a mi modo de ver en un proceso positivo y democratizador, el monopolio de la expresión y de la información, como traté de hacer ver en otro artículo escrito desde Estados Unidos, “El asesinato de Hugo Ortiz revisado” (http://bit.ly/qlq2yk).
Kerry Luft, editor de noticias nacionales e internacionales del Chicago Tribune (quiero hacer notar que las noticias estatales –del Estado de Illinois- y las locales –de la ciudad de Chicago- son las que nutren la parte principal del Tribune), nos brindó una interesantísima charla acerca de los cambios radicales que las nuevas tecnologías están imponiendo, entre los que cabe mencionar la casi desaparición del corresponsal en el extranjero.
Algunos de estos desafíos los he sugerido ya en otro artículo anterior referido a esta misma visita, “La aftosa desde Washington” (http://bit.ly/ngBMx7), sobre el impacto de la globalización en la prensa y en la política.
En el Columbia College de Chicago, que a pesar del nombre no tiene relación alguna con la Universidad de Columbia de Nueva York, pudimos comprobar que el tipo de debate que realizamos con Friedman es generalizado y que, por eso, muchos cursos, como el de Rose Economou al que asistimos, se están orientando más a dar base cultural a quienes pretenden meterse a periodistas que a adiestrarlos en paradigmas que los condenarían a quedar obsoletos antes de empezar.
Lamentablemente, la Dra. Economou falleció poco después de ese curso al que asistimos, que fue el último que dio.
En la Facultad de Comunicaciones de la DePaul University de Chicago, en la que asistimos a un curso de Daniel Makagon, el intercambio de pareceres con los estudiantes que están preparando sus maestrías confirmamos, por las preguntas que debimos responder, que aquel cambio de paradigmas es una preocupación permanente.
Creo que una muy acertada conclusión de todo lo que discutimos durante las dos semanas que estuvimos en Estados Unidos la realizó Paul Pohlman del Poynter Institute de San Petersburgo, Florida: A pesar de la revolucionaria modificación tecnológica que está ocurriendo en los medios, los instrumentos básicos para triunfar en periodismo siguen siendo los mismos que eran hace trescientos cincuenta años, cuando empezó la prensa libre: credibilidad, rigor informativo y cultura. Todo lo demás es accesorio, pues en este asunto, la forma jamás reemplazará a la función.
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