El secretismo de Lugo

El 20 de diciembre de 2011, el canciller Jorge Lara Castro firmó en Montevideo, en nombre de nuestra República y siguiendo instrucciones del presidente Fernando Lugo, un “Protocolo de Montevideo sobre Compromiso con la Democracia en MERCOSUR”.Dicho “Protocolo” tiene el objetivo de incorporar al Protocolo de Ushuaia, del 24 de julio de 1998 (Cláusula Democrática de MERCOSUR), los mecanismos que la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) pretende establecer en defensa de los poderes ejecutivos de la región, definidos en el artículo 4 del “Protocolo Adicional al Tratado Constitutivo de UNASUR sobre Compromiso con la Democracia”, firmado el 26 de noviembre de 2010, a impulsos de la crisis generada por el secuestro del presidente de Ecuador, Rafael Correa, por unos policías rebeldes.

Estos mecanismos pueden resumirse en otorgar a los poderes ejecutivos de los países de la región la potestad de definir cuándo hay una “amenaza” de quiebre institucional en algún país del bloque, cuándo hay un quiebre institucional propiamente dicho y la de imponer al país afectado medidas tan drásticas como un bloqueo o un corte de suministro energético.

Estas medidas consagran una desigualdad esencial, pues nosotros no podemos imponer, por razones geográficas obvias, ningún bloqueo o corte de energía a Brasil, por ejemplo, pero Brasil y sus socios sí pueden imponerlos a Paraguay.

Ya en aquella ocasión, noviembre de 2010, el señor Lugo dio su aquiescencia a tal pretensión sin advertir a nuestro pueblo que haría firmar en nombre de nuestro Paraguay semejantes medidas.

Ciertamente, el manejo de las relaciones exteriores de nuestra República está delegado en el Poder Ejecutivo que, ciertamente también, puede tomar las determinaciones que crea convenientes pues es depositario de un mandato popular para ello.

Pero esto no obsta para que el presidente de la República informe a sus mandantes sobre los asuntos que debe resolver, independientemente de que está autorizado a tomar la decisión que a le parezca más conveniente.

La consulta, que no consiste más que en la publicación previa de lo que cree conveniente firmar, generaría un debate público sobre el tema que le posibilitaría conocer las tendencias de la opinión pública, las cuales, sin ser vinculantes, le permitirían saber los riesgos que corre tomando tal o cual posición.

Y a la opinión pública le permitiría, ese debate, saber si el presidente de nuestro país cumple o no a satisfacción su obligación de defender el interés nacional paraguayo.

El señor Lugo ya ha hecho esto cuando lo creyó conveniente: Puso a consideración del público lo que haría ante Brasil en Itaipú y logró un resonante apoyo popular que le permitió negociar desde una posición mucho más fuerte.

Entonces, no se entiende por qué no hizo lo mismo antes de firmar en noviembre de 2010 el “Protocolo Adicional al Tratado Constitutivo de UNASUR sobre Compromiso con la Democracia”, considerando que contiene disposiciones particularmente riesgosas para nuestro país.

Y tampoco se entiende por qué no hizo lo mismo antes de volver a firmar, el 21 de diciembre de 2011, el “Protocolo de Montevideo sobre Compromiso con la Democracia en MERCOSUR”, que contiene disposiciones similares.

No se entiende por qué el señor Lugo hizo firmar, en el marco de un hermetismo incompatible con el concepto de República, disposiciones tan riesgosas para nuestra Independencia Nacional, dado que en las difíciles negociaciones sobre Itaipú, que convenían a su gobierno, hizo todo lo contrario.

Pero la razón es simple: El señor Lugo firma en secreto lo que hace al interés particular de su grupo político (la coalición hegemonizada por los marxistas que se denomina Frente Guazú).

Se trata de un patrón de conducta. El señor Lugo, por ejemplo, ya prestó reconocimiento, bajo ese mismo marco de hermetismo, a la organización “Frente Polisario”, que dirige una república virtual desde Argelia, reconocimiento que no reporta beneficio alguno a nuestro Paraguay, aunque sí a los camaradas paraguayos del “Polisario”.

El reconocimiento del “Polisario” para beneficiar al Frente Guazú, perjudica al interés nacional paraguayo pues destruye nuestras relaciones con Marruecos, país que es una puerta de entrada al mundo árabe (que no reconoce al “Polisario”), en el que existe un enorme potencial comercial para nuestro Paraguay.

Es un caso de cómo el señor Lugo favorece su interés particular sobre el interés general de los paraguayos.

Estas firmas de los “Protocolos” de UNASUR y Montevideo son otros casos similares: El señor Lugo parece buscar con dichas firmas un blindaje contra la posibilidad de ser constitucionalmente destituido por la vía del juicio político.

Un comunicado de la cancillería, publicado el viernes 6 de enero de 2012, insinúa que lo anterior no es posible desde que ambos “Protocolos” deben superar obligatoriamente una revisión del Senado de nuestra República, que debe revisar ambos documentos, pudiendo rechazarlos.

Se trata de una media verdad. Es cierto que el Senado puede rechazar ambos “Protocolos”, pero no es menos cierto que, sin la discusión previa a la firma que es consistente con el concepto de “República”, la presión política internacional sobre el Senado actúa como un desequilibrante contrapeso de la opinión pública paraguaya.

Un rechazo del Senado paraguayo a esos “Protocolos” será presentado por Brasil, Argentina, Uruguay, Venezuela, Bolivia y Ecuador como una falta de compromiso de los senadores paraguayos con la democracia.

Un ejemplo claro del peso de la presión internacional lo estamos sufriendo ahora con relación al ingreso de Venezuela a MERCOSUR.

Como en el caso de su reconocimiento clandestino al “Frente Polisario”, el señor Lugo busca imponer los “Protocolos” poco menos que como hechos consumados, contra los cuales espera poca o ninguna resistencia.

Este patrón de conducta del señor Lugo, el secretismo para encubrir la búsqueda de sus intereses particulares valiéndose de su cargo, es un grave riesgo para nuestra democracia. Repite, el presidente, las lamentables conductas de muchos de sus antecesores, que sacrificaron a nuestro Paraguay para medrar ellos.

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