Frustración con el desbloqueo

Emmanuel Joseph Sieyés (1748-1836), el “abad Sieyés”, es la persona sobre la que la Historia deposita el enorme privilegio de haber encendido la mecha de la Revolución Francesa.

Lo hizo en el proceso de integración de los Estados Generales (especie de Legislativo del absolutismo francés) convocados para mayo de 1789.

Los Estados Generales se constituían con tres cámaras, una de la nobleza, otra de los miembros de la Iglesia Católica y, el pueblo tenía la tercera, llamada el “Tercer Estado”. Cada cámara tenía un solo voto, luego, el diseño del sistema aseguraba que en caso de intranquilidad popular el “Tercer Estado” perdiera siempre dos (nobleza y curas) a uno (pueblo).

Sieyés escribió un panfleto electoral, pues a pesar de ser cura (miembro del “Segundo Estado”), optó por competir como diputado del pueblo de París. Su panfleto se tituló “Qué es el Tercer Estado?”

Y en ese panfleto, con una simple oración, guió a los franceses al camino de la Revolución: “El Tercer Estado somos todos. ¿Qué ha sido el Tercer Estado hasta ahora? Nada. ¿Qué pide el Tercer Estado? Algo”.

Mereciendo todo, el pueblo de Francia tenía nada, cuando lo único que pedía era solamente un poco.

Nuestros políticos están actuando, en el tema del desbloqueo de listas sábana, como la nobleza y los curas franceses en las jornadas iniciales de los Estados Generales de 1789.

Aunque los paraguayos merecemos elegir todo, nada podemos elegir y lo único que pedimos es elegir algo, apenas un miembro de las listas sábana.

Nuestro sistema electoral está secuestrado por los caciques de los partidos y grupos políticos.

Aunque les hemos impuesto el “voto directo”, que les obliga a distribuir lugares en las listas en un orden que no pueden arreglar ya entre gallos y medianoche como era antes de 1991 sino que lo decimos en elecciones los afiliados a los partidos y grupos políticos, los caciques tienen todavía el poder absoluto de confeccionar las listas.

Esto significa que los primeros ubicados en las listas que cada cacique propone a los afiliados en las internas tienen asegurado, nos gusten o no nos gusten, un lugar en la lista sábana que competirá en las elecciones.

Horacio Cartes, Lino Oviedo, Blas Llano, Javier Zacarías, Fernando Lugo, Víctor Ríos y los demás caciques compondrán sus listas para las internas de sus partidos o grupos a dedo, como siempre, otorgando los primeros lugares a sus lacayos más confiables o más redituables. Ni los afiliados, ni el pueblo, intervienen en esta designación a dedo, que se hace según la conveniencia exclusiva de los caciques.

Así está el Congreso lleno de fieles a los caciques y casi vacío de fieles al pueblo. Y por eso muchas leyes en nuestro país se hacen a medida de los caciques y no por los deseos del pueblo.

El desbloqueo de listas deja aún a los caciques el enorme poder de confeccionar esas listas con sus lacayos. Lo único que pedimos los paraguayos con el desbloqueo es que nos permitan decidir a cuál lacayo de los caciques preferimos, cuál nos parece menos malo, más receptivo a los deseos populares, más confiable, más serio.

Nada más. No pedimos mucho. Pedimos muy poco, cuando tenemos derecho a pedir todo.

Con lo ocurrido en el Senado el pasado jueves, es muy probable que en las elecciones de 2013 tengamos que resignarnos a optar, como hasta ahora, entre listas completas de lacayos y que nuestro derecho a elegir se mantenga reducido a optar entre la sábana colorada, la azul o la lila y que los integrantes del nuevo Congreso sean tan malos como el actual.

Lo que están logrando los caciques políticos, como los nobles y los curas franceses en mayo de 1789, es deslegitimar el sistema institucional: Y cuando la deslegitimación llega a un punto tal en que el pueblo ya no lo ve como un mecanismo que lo exprese razonablemente, se tiene lo ocurrido en Francia, en aquel glorioso verano de 1789.

El 20 de junio de 1789, tras largos e infructuosos intentos por convencer a los nobles y a los curas de la necesidad de un cambio que salvaría la convivencia, los diputados del “Tercer Estado” se proclamaron a sí mismos la “Asamblea Nacional”.

Habían pedido poco cuando tenían derecho a pedir todo, pero los nobles y los curas nada quisieron dar. Ese día, el pueblo francés cansado, simplemente tomó todo como era su potestad hacerlo.

No todas las revoluciones terminan igual. Pero todas siguen ese proceso. El desenlace depende de las ideas de quienes trabajan por el pueblo.

La Revolución Bolivariana en Venezuela se originó exacta y precisamente en las mismas causas que se están produciendo ahora en nuestro Paraguay: Unos caciques políticos necios, que creyeron que sus privilegios eran intocables, fue barrida de un plumazo por una ola incontenible de indignación popular en las elecciones del 6 de diciembre de 1998.

Aunque su desarrollo actual es lamentable, nadie medianamente serio podría negar que el movimiento bolivariano representó en aquel momento el hartazgo de millones de venezolanos con caciques políticos dedicados solamente a consolidar sus privilegios a costa del pueblo.

Cientos de miles de paraguayos estamos igual de hartos de los privilegios de los caciques políticos que sufrimos y el jueves ellos nos han hecho saber que nuestro hartazgo no les interesa y que creen que pueden seguir con esos privilegios indefinidamente.

Horacio Cartes, quien hasta ahora se perfila como favorito para ganar las elecciones presidenciales de 2013, está desarrollando hábilmente una estrategia consistente en hacer creer que él puede administrar con eficacia y para beneficio del pueblo el sistema de los caciques.

Sus planes de asistencia social a través del Partido Colorado están pensados para que el reclamo de cambio del sistema electoral sea reemplazado por la satisfacción de necesidades básicas de la gente.

Aprovecha, con gran maestría, el hecho de que los que estamos a favor del desbloqueo de listas para relegitimar nuestro sistema institucional somos francamente incapaces de explicar con la debida claridad y con el alcance requerido que sin cambio electoral nuestra gente seguirá condenada a obtener ayuda social y oportunidades a cambio de su sumisión política y que habrá cada vez más gente condenada a pedir ayuda porque los privilegios de los caciques políticos son la causa eficiente de la pobreza de los paraguayos.
Publicado por Enrique Vargas Peña en 16:27

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