Huérfanos pero decididos

El incesante afán de los partidos marxistas por prolongar la vigencia política de su jefe, Fernando Lugo, aun repitiendo el mismo proceso de violaciones de la Constitución realizado por Nicanor Duarte Frutos (reelección vía enmienda, candidatura a senador en función presidencial), es un notablemente franco reconocimiento de que no lograron desde el gobierno el apoyo popular que esperaban.

No sé por qué los partidos marxistas dieron por sentado que, una vez instalados en el gobierno, especialmente en el llamado gabinete social que su jefe les reservó en exclusiva desde el 15 de agosto de 2008, recibirían, a cambio de los ingentes recursos públicos que están repartiendo como nunca antes se había hecho, una oleada de adhesiones que transformaría decisivamente el mapa político paraguayo, estableciendo una poderosa fuerza marxista.

Por alguna razón, esa presunción no se ha cumplido y los partidos marxistas han tenido que sumar a la infructuosa prédica del credo bolivariano por la vieja práctica del caudillismo: Una persona en lugar de las ideas; lealtades en lugar de convicciones.

Las masas, como gustan definir los comunistas al pueblo, no corrieron para apoyar a la vanguardia del proletariado cuando esta se instaló en el poder; al contrario, permanecen sosteniendo mayoritariamente a los grandes partidos burgueses, como descalifican los marxistas a sus adversarios.

Debe ser bastante triste para un marxista ortodoxo como Aníbal Carrillo Iramaín, por ejemplo, terminar emulando a los cortesanos de Nicanor Duarte Frutos en el esfuerzo por mantener alguna significación política a partir de 2013.

Pero esto, que podría mover a la burla a la oposición a Fernando Lugo, es, sin embargo, la constatación del enorme peligro que se cierne sobre la democracia paraguaya en los dos años que le restan de gestión al presidente de la República, pues deja en evidencia que los partidos marxistas están dispuestos a cualquier cosa, literalmente cualquier cosa, con tal de mantener su actual influencia política, sino aumentarla directamente.

Cuando alguien resuelve que las ideas en las que siempre creyó merecen dejar de lado los presupuestos que esas mismas ideas establecen para su propia realización para intentar impulsarlas mediante procedimientos distintos y aún expresamente criticados en esos presupuestos, ese alguien simplemente está asumiendo que el fin le justifica los medios.

El fin, permanecer en el poder, les justifica los medios a los partidos marxistas. Ya intentaron violar la Constitución con la reelección via enmienda, ahora ensayan la candidatura a senador de un presidente en funciones y luego cosas peores, si eso último tampoco les resulta.

Ya se están insinuando algunas de estas cosas. Fernando Lugo desplazará a una posición aún más irrelevante de la que ya tiene al Partido Liberal Radical Auténtico, dejándole algunos ministerios sin significación política para tratar de mantenerlo dividido.

Este mismo plan incluye tentar a José Paková Ledesma con una candidatura presidencial, en la que el gobernador de San Pedro sería el candidato liberal que exigen las bases del PLRA, de una alianza absolutamente controlada por los marxistas.

Con ayuda de Paková, los comunistas piensan que podrían engañar a suficientes afiliados liberales que, según su cálculo, votarían como ovejas ciegas a un afiliado liberal que no será más que el títere coronado del Frente Guazú.

Meter en listas “sábana” combinadas a una gran cantidad de candidatos marxistas es la idea, exactamente como en Encuentro Nacional hizo en las elecciones de 1998, aprovechándose del PLRA. Igual.

Sumar algo aquí, restar algo allá.

Los liberales, en efecto, no son las únicas víctimas. El presidente Fernando Lugo juega con algunos referentes colorados el juego de la fiesta, en el que les hace creer que porque “farrea” con ellos y regala buenos cargos a afiliados colorados olvidó su ideología.

Creo que los marxistas no intentan con eso tanto dividir al Partido Colorado como retardar cualquier rebeldía que este pudiera plantear en algún momento dado. La política de los hechos consumados solamente requiere de tiempo, y el retardo de cualquier acción de los colorados es todo lo que los luguistas necesitan, a falta de apoyo popular.

Todo esto en un marco de deliberado debilitamiento del Estado de Derecho, en el que se fomenta la destrucción del valor de los títulos emitidos por el Estado paraguayo y se alienta la idea de reclamar supuestos derechos recurriendo a la coerción ilegítima con el fin de generar una situación de amedrentamiento general que paralice a diversos sectores de la vida nacional.

En resumen, la primera carta es fomentar un fenómeno caudillista que beneficie a Fernando Lugo, luego usar al PLRA para hacer elegir con votos liberales a candidatos marxistas y, finalmente, retrasar cualquier acción que puedan tomar los colorados.

Es cuestión de imaginar al Congreso que sea elegido en 2013, paralizado por una presencia suficiente de integrantes del Frente Guazú, mientras se consolida el poder paralelo que ya está operando en nuestra República para entender hacia dónde nos quieren llevar.

Decía Carlos Matus, ministro de Economía de Salvador Allende (1972) a la revista alemana “Der Spiegel”: “…lo que es crisis para algunos, para nosotros es solución”.

Debo reconocer que todo esto lo pueden intentar los jefes del Frente Guazú porque los líderes de los partidos tradicionales, con algunas excepciones que confirman la regla, olvidaron, metidos como están en la búsqueda de prebendas y privilegios, que existen los principios (“principio. Del lat. principĭum. 1. m. Primer instante del ser de algo. 3. m. Base, origen, razón fundamental sobre la cual se procede discurriendo en cualquier materia. 5. m. Cada una de las primeras proposiciones o verdades fundamentales por donde se empiezan a estudiar las ciencias o las artes. 6. m. Norma o idea fundamental que rige el pensamiento o la conducta. U. m. en pl.”).

La falta de principios de los políticos es una amenaza grave a nuestras libertades, tan grave como los proyectos del Frente Guazú.

La falta de apoyo popular no es obstáculo para los partidos marxistas y quienes crean que ellos están derrotados se están engañando a sí mismos y están engañando al país de la manera más peligrosa.

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